El gran responsable del desastre no se siente culpable del mismo y aspira gobernar 11 años más
Entre hablar gamelote -durante el equivalente a tres meses continuos-; saludar a Fidel; promover el gasoducto del Sur; brincar -alborotando- de cumbre en cumbre; renegar del capitalismo; condenar el neoliberalismo; insultar al imperio y la oligarquía; denigrar a Uribe y ahora a Obama; vilipendiar a la oposición democrática; despotricar de los medios de comunicación; satanizar la protesta estudiantil; drenar su fiebre de beisbolista frustrado jugando caimaneras de softbol; la viajadera a toda pompa para regalar dinerillo a manos llenas; inaugurar obras inconclusas; comandar desfiles; parir planes estratégicos como el eje Orinoco-Apure y, además, expropiar, invadir y devaluar el bolívar fuerte, entre otras muchas batallas heroicas, se le fueron los once (¿primeros?) años socialistas al Hiperlíder Sideral.
Pero, para (desgracia) del país estos (once) años revolucionarios no transcurrieron. Venezuela involucionó, por lo menos, 40 años. Tantos como duró la denostada cuarta república. Años en los cuales los nueve presidentes (Velásquez incluido) que se alternaron democráticamente en el poder dotaron al país de la infraestructura y los servicios básicos que hoy, por desidia e incapacidad de esta administración corrupta, fallan o se encuentran en total deterioro: agua, luz, carreteras, hospitales, escuelas, viviendas, represas, siderúrgicas, plazas, parques, museos, complejos recreativos e instalaciones deportivas y más. Aquellos gobiernos, además de proveer obras y servicios, desarrollaron la agricultura, estimularon las artes, promovieron las ciencias, expandieron la empresa petrolera y crearon parques industriales, hoy en ruinas.
¿Que pudieron hacer más? Nadie lo niega. Y se le reclamó en su momento a la dirigencia de turno. De hecho, la deuda pendiente de aquellos gobiernos con la sociedad (pobreza, inseguridad, corrupción) determinó su salida del poder. Se les sustituyó ante la promesa y con la esperanza de que esas y otras carencias fueran redimidas. Pero no fue así. Resultó peor el remedio que la grave enfermedad preexistente. Incalculable el actual grado de deterioro generalizado. Progresivo. Deliberado. Hoy Venezuela está hundida en basura, poblada de miseria, colmada de huecos, cundida de indigencia e infancia abandonada, abarrotada de obras a medio construir, a merced de la delincuencia y, además, oprimida, amedrentada, desesperanzada y con un altísimo déficit de derechos y libertades conculcadas por un régimen militarista, neofascista.
Lo más “grandioso” es que el gran responsable del desastre nacional no se siente culpable de su fracaso. De la destrucción causada. Y pide 11 años más para terminar su obra& Sería, caso negado, para comenzarla, no jile.
Fuente: El Universal


























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