¡Ajá! mi artículo “¿Comunismo aquí?” publicado el 30-01de este año causó indignación en algunos. Confieso que antes de hacer “clic” en la computadora para su envío sabía la “roncha” que ocasionaría. Pues bien, esa misma irritación que produjo a usted la siento yo cuando gente venida de fuera nos visita y nos dice que no pueden pensar que aquí llegue el comunismo cuando ven carros nuevos, televisión por cable, aviones privados, yates, centros médicos de primera, productos importados y pare de contar. Evidencias de que Venezuela aún es un país donde el dinero corre a borbotones, y por lo consiguiente, un sistema comunista aquí es imposible de instaurar. ¿Qué tal?
Mi respuesta es siempre la misma. Hay que vivir aquí, respirar la violencia que el mismo Presidente espolea desde su tribuna, recoger hijos heridos por los cuerpos de seguridad del Estado durante una manifestación, experimentar en carne propia las expropiaciones, ver como funcionarios del Gobierno pasan una máquina desbaratando cultivos que han costado sudor a sus trabajadores y a sus inversionistas, nacionales y extranjeros, que confiaron en nuestro país. Esperar que cualquier día un auto de detención toque la puerta de tu casa por oponerse al Gobierno y tener el guáramo de decirlo públicamente. Ver desaparecer estaciones de radio, de televisión, conocer de la persecución a periodistas, del sometimiento al escarnio público de quienes se enfrentan al Gobierno y exigen la devolución de sus equipos y bienes como es el caso de RCTV y Globovisión. Ver imágenes de atentados perpetrados a opositores de diversas tendencias políticas, conocer de detenciones arbitrarias por ejercer la justicia, vivir la escasez de productos para la dieta diaria, hacer colas interminables para ser atendido en un centro de salud pública, enloquecer buscando una medicina para un familiar enfermo. Sufrir el apartheid de miles de profesionales que disienten del Gobierno y no tener oportunidad de ejercer su oficio. Ser víctima de la intimidación y la coacción de los funcionarios en los aeropuertos. Salir del país y sentirse con la soga al cuello porque las tarjetas de crédito son rechazadas en el exterior. Vivir con miedo. Calarse las cadenas. Ser obligado a aceptar que “ser rico es malo” y sin embargo, saber que en un vuelo hacia Orlando va un ministro con su familia nada menos que en primera clase. Conocer de compras millonarias de funcionarios en sus viajes familiares a Europa o de apoteósicas fiestas de quinceañeras hijas de rojos-rojitos que están en el poder. Todo ello, sumado a la corruptela de quienes se aliaron con el Gobierno a fin de obtener jugosísimas utilidades y hoy corretean por el mundo buscando cuevas donde ocultarse y huir de su antiguo “amigazo del alma”. ¿Y todavía piensan que todo está bien?
No, no y no. Nada está bien y vamos cada vez más hacia la destrucción del país que nos queda. El capitalismo de Estado, en su acepción más negativa, aparece cuando el Estado se apropia de todos los medios de producción e impide la libre competencia y por tanto el libre mercado con la excusa de colocarlos como bienes de utilidad pública o propiedad colectiva, lo cual, inevitablemente, siembra la semilla del comunismo. En los últimos once años no se ha sabido de ninguna propiedad confiscada o nacionalizada que haya brindado beneficios al país, más que la destrucción. Porque todo lo expropiado han sido empresas productivas, generadoras de empleo y utilidades a sus trabajadores y sus consumidores. Ninguna de ellas, como en otros casos en diferentes países, han sido nacionalizadas para su rescate por encontrarse en situación de pérdida.
Los tentáculos del poder, unido al obligatorio adoctrinamiento de las masas, hacen del autoritarismo ejercido por Chávez la vía adecuada hacia el totalitarismo que abre las puertas al modelo socialista soviético. Porque hasta en la China de hoy, el país de Mao Tse Tung, el modelo comunista por antonomasia, existe apertura a la inversión extranjera y se abren alianzas para el desarrollo. Mientras aquí, como en Cuba, el inversionista sale despavorido al conocer la cantidad de obstáculos que se le presentan en el camino.
¿Comunismo aquí? Consumado, insistimos, no todavía. Pero con toda seguridad nos atrevemos a afirmar que estamos en la senda correcta para alcanzar un socialismo monstruoso como el que hundió a Europa Oriental por más de medio siglo. Y cuyo hijo comunista vive en el Caribe dando lecciones a su pupilo más aplicado. De manera que si mi artículo lo irritó, lo felicito, usted es uno de esos que se da cuenta del camino que transitamos. Pero no basta encenderse en cólera y conversarlo con sus amigos. Tome parte activa en la protesta democrática, pacífica y legítima que nuestras leyes permiten. Y enseñe a sus hijos a luchar por la libertad, la justicia y la paz. Es la única manera de recuperar el país que amamos y donde todavía, algunos como yo, sembramos nuestras esperanzas.
Fuente: El Universal

























