Chávez no es un demócrata. Su constante desprecio y atropello contra quienes piensan distinto a él, así como su freudiana admiración por el patético Fidel (“mi padre Fidel”) serían suficientes señas para confirmar tal afirmación. Pero, peor aún, el obsceno control sobre los poderes públicos y el impúdico sometimiento del CNE, TSJ, AN y Poder Ciudadano, corroboran la ausencia de controles y contrapesos fundamentales en toda democracia. La persecución por motivos políticos es práctica reiterada y extendida. La reforma constitucional rechazada por los venezolanos en un referéndum está virtualmente en vigencia mediante leyes inconstitucionales y una enmienda para la reelección indefinida que burlaron no sólo los resultados del referéndum sino los más elementales principios inherentes a la libertad. Las victorias obtenidas por los demócratas en las elecciones de alcaldes y gobernadores han sido absolutamente desconocidas de hecho.
En este contexto es que iremos a las esperanzadoras elecciones parlamentarias de este año. Es necesario enfatizar que el fortalecimiento de la institucionalidad es tarea fundamental para vencer el totalitarismo, de allí que es crucial asistir masivamente a las elecciones. Sin embargo, es necesario que la dirigencia democrática del país (mal llamada oposición) planifique cómo se reaccionará ante muy probables escenarios que procurarán suspender, diferir, sabotear o manipular a favor del gobierno el proceso electoral. ¿Cómo se manejará la situación de una eventual guerra con Colombia que il piccolo Galtieri piensa que le dará oxigeno electoral? ¿Cómo se abordará un Estado de excepción que impida las elecciones? ¿Qué medidas se tomarán ante un fraude electoral? ¿Qué se hará si, aun ganando un número importante de curules, se impide a los diputados electos el efectivo ejercicio del cargo, tal y como ha sucedido no sólo con los gobernadores y alcaldes democráticos sino con los diputados que no han entrado por el aro? Cilia Flores, Iris Varela, Desireé Santos y muchos otros voceros del PSUV ya han sido descaradamente claras en que no permitirán que la AN sea “tomada” por la oposición.
La preparación de las fuerzas de la democracia debe abarcar mucho más que la indispensable unidad. Debe ir de la mano de planes que prevean qué hacer en circunstancias como las antes anotadas para evitar ridículos inaceptables, como el de aquella madrugada cuando, por no haberse dispuesto para las contingencias previsibles en un régimen totalitario, salió un grupo de líderes haciendo pucheros y diciendo que había habido fraude en el referéndum (pienso que en efecto lo hubo) sin algún sustento concreto, en lugar de poner en marcha alguna acción institucional, previamente planificada y dirigida a proteger la voluntad popular.
Se han aprendido algunas lecciones en estos 11 años de oprobio y, gracias a organizaciones como Súmate y al tesón de los partidos y líderes políticos, se ha logrado defender el proceso del voto en elecciones recientes. Sin embargo, en esta ocasión la preparación debe ir mucho más allá y se debe trabajar en la defensa frente a las coartadas del totalitarismo con el mismo ahínco que se debe trabajar en la unidad de los demócratas.
El Universal
22-01-10


























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