Se acabó el festejo… aunque no se notaba mucho ambiente en Caracas. Lo único que no han podido volver trizas es la fe profunda que anima el corazón de los venezolanos, la cual se manifestó esta Navidad con mayor fuerza que nunca. Algunas iglesias batieron récord de asistencia, con todo y el vacío que nos regaló una Caracas luminosa y tranquila. Hasta el renuente “Pacheco” se animó a darse una vueltica los últimos días y las guacharacas aprovecharon el silencio para hacer sentir su bulla con mayor majestad. Pero siempre se vuelve a la realidad.
Nos espera un año tormentoso y definitivo. Amanecemos con mayores riesgos de carencia de servicios básicos; secuestros y asesinatos en las cárceles y 214 muertes en nuestras calles en los últimos días. También nos da la “bienvenida” una inflación imposible de costear con un salario mínimo que no cubre ni la mitad de los gastos básicos del venezolano. Como si fuera poco, nuestras exportaciones de crudo a EUA cayeron 16% en Octubre… ¡qué esperanza en adelante! La malaria y el dengue repuntaron en el 2009 como si nos hubiéramos metido en el túnel del tiempo de pa’tras.
Los centros comerciales sufrirán los rigores de una oscurana que parece estar planificada para reducir el tiempo del día en que veamos con nuestros propios ojos y, claro está, para quebrar más y más comercios y empobrecer de un todo a una sociedad que dependería, una vez arruinada por completo, del Estado insensible y absolutamente incompetente. Mientras menos miremos, menos cuenta nos daremos de la farsa que mantiene al régimen atornillado al poder al tiempo que los venezolanos escuchamos promesas como en un cine continuado.
¿Recuerdan aquello de “¡renunciaré si en seis meses hay niños en la calle!”? Ahora nos viene Rodríguez con esto de que renuncia si no pone a Caracas más limpia que talón de lavandera…Volvamos a la realidad, a esa que no está montada en ofertas, a la que no puede ocultar otra cosa que no sea nuestra ceguera, a la que no cambiará sino nuestra determinación.
Volvamos a la realidad, no sólo a la que nos rodea, sino a la que llevamos dentro. Si queremos seguir soportando como ascetas los rigores de un gobierno abusivo, que nos trastoca la vida a cuenta de su incapacidad, entonces no nos quejemos más y permitamos que avance esta lepna infernal. Pero si no nos da la gana de servir de carne de cañón a quienes a quienes hacen sopa con nuestra nación, pues agarremos el toro por los cachos y miremos hacia dentro de nosotros mismos: ¿qué hay que hacer que no hemos hecho? ¿Qué hemos hecho que no podemos seguir haciendo igual porque no ha resultado? ¿En que tenemos que tomar la iniciativa sin esperar a los líderes que no tenemos ni a los mágicos que no saldrán de ninguna parte? ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a arriesgar para defender nuestros intereses, nuestro país, nuestra familia, nuestra forma de vida y hasta nuestra existencia misma? Son las preguntas que debemos hacernos para “cuadrar” el año. Y mejor será que lo cuadremos, no sea que asuntos inesperados nos pongan más bien la vida de cuadritos.
Diario 2001
05-01-10

























