No es muy revolucionario que la burocracia gubernamental sea también la dirigencia del PSUV
Es esencial que el país esté bien dirigido, desechando la política absurda de las nacionalizaciones y de un capitalismo de Estado disfrazado de socialismo. El balance de las invasiones, expropiaciones y violencia, demuestran que los objetivos básicos del régimen son políticos y nunca económicos, o sea que priva el control absoluto e indefinido de todos los poderes por encima de las necesidades de la población, el crecimiento de la economía y el desarrollo de la Nación, disimulando la radicalización con la coartada de presuntas conjuras.
De acuerdo al DRAE, el término paralelo se aplica “a las líneas o planos equidistantes entre sí y que por más que se prolonguen no pueden encontrarse”, por eso vale la pena analizar a Barrio Adentro como un filtro de atención inmediata, para luego referir los casos graves a la red hospitalaria, pero los hospitales no funcionan y no han sido sustituidos. Paralelismo vertical. A su vez el discurso del hiperlíder cuestiona las pólizas HCM, fundamentales para los trabajadores y familiares; pues la intención es que no puedan ser atendidos en las clínicas privadas.
El tema de la inseguridad plantea el origen de millares de armas cortas, largas y granadas, que son utilizadas por la delincuencia en los barrios, asumiendo controles territoriales con la permisividad de las autoridades. Este es otro paralelismo injustificable, porque la opción institucional no es armar a presuntos activistas, sino formar un cuerpo policial profesional, bien remunerado, entrenado, supervisado y compenetrado a las comunidades.
Como lo han señalado Marta Harnecker y Alberto Muller Rojas, no es muy revolucionario que la burocracia gubernamental tenga el doble rol de ser también la dirigencia del PSUV, ya que estaríamos frente al imposible del militante partidista supervisándose a sí mismo como burócrata. Este paralelismo sin sentido es un fraude a la militancia y es criticable la despiadada presión contra el debate interno.
Toda organización partidista debe confrontar y dialogar cada vez que sea oportuno, entendiendo su obligación de fortalecer las instituciones y facilitar la pluralidad, jamás para destruir el propio orden que los cobija. El populismo militarista es vertical, autoritario e impone la presunta participación desde arriba, convirtiendo las masas en enemigas de la gobernabilidad. Ese paralelismo desvía y pervierte los verdaderos fines del Estado.
El régimen ha establecido un antecedente nefasto con la Ley del Distrito Capital, donde una funcionaria escogida a dedo atropella a gobernadores y alcaldes designados por los ciudadanos. Igualmente es nefasto que los Consejos Comunales funcionen con dependencia directa al Poder Ejecutivo, sin interrelacionarse con las autoridades regionales y locales, a los fines de solucionar los problemas prioritarios de las comunidades. Quien tiene la estructura en sitio, los medios para resolver, la experiencia y la legitimidad son el gobernador y el alcalde. Todo lo que no sea así es paralelismo inconstitucional, improvisado e injustificable.
El Universal
03-01-10

























