En una afirmación sin precedentes en nuestra historia republicana reciente (últimos 11 años), el líder del proceso reconoció cuán descuidado ha sido el Gobierno en el tema de la inseguridad, razón por la cual a partir de ese momento, iba a tomar el toro por los cachos. ¿Qué significa esta expresión? En pocas palabras, asumir la conducción de algo que se aspira obtener. En términos más refinados, responsabilizarse por la gerencia de alguna importante actividad.
Después de 11 años, el Gobierno reconoce que no ha asumido adecuadamente el tema de la inseguridad. Por fin la inseguridad dejó de ser un espejismo, una percepción ilusa o un invento de la oposición golpista para transformarse en algo real que, matemáticamente, no es posible ocultar: ¡es un déficit!
No obstante lo anterior, hasta donde yo sepa, el toro tiene solo dos cachos y los déficit del Gobierno superan con creces esa cifra. Sólo por curiosidad mencionemos algunos de los tantos cachos sueltos, a cual más punzante: la crisis eléctrica; la crisis acuática; la devaluación de la moneda; la crisis laboral; los bancos intervenidos; la inocultable corrupción; la ilimitada creatividad de la delincuencia organizada; los falsos positivos creados por el mismo gobierno; la delicada situación de las empresas de Guayana; una Pdvsa que no parece producir lo que dice; la basura que se acumula; las supuestas invasiones de un espacio aéreo que no se sabe quién lo defiende; en fin, un país deteriorado, que continúa deteriorándose.
De manera que agarrar los cachos del toro parece que no es suficiente, hay que agarrar una frondosa cornamenta que se ramifica y cuya consistencia no guarda relación con la vergonzosa inconsistencia con la que se esgrimen los argumentos de su tratamiento. Es inadmisible, por decir lo menos, que la devaluación de la moneda, eufemísticamente llamada corrección cambiaria, tenga como propósito estimular las exportaciones de un aparato productivo que durante el régimen ha sido abofeteado por ambas mejillas. Es inaceptable que un supuesto e indefenso niño, haya frenado las inversiones requeridas para afrontar el incremento de la demanda de energía eléctrica producto de un supuesto crecimiento económico, derivado de las políticas oficiales. Más deleznable aún es el argumento de protección a los ahorristas con que se asumió la reciente crisis bancaria.
La decisión de agarrar el toro de la inseguridad por los cachos, ha sido recibida por muchos con una alegría que, con todo respeto, debo calificarla de ingenua, pues de tan taurino gesto sólo se lograrán algunas medidas efectistas de corte electoral.
La identificación de los eventos enunciados debe considerarse como trazos del boceto de país socialista con el cual se inicia el 2010. Ellos constituyen la gran preocupación que debemos sentir por unas realidades tratadas inadecuadamente. Esas deficiencias son objetivas, a pesar de ser abordadas cantinfléricamente en un discurso de trasfondo ideológico: no es azarosa la incapacidad técnica para su abordaje, ni la subordinación de las mismas al objetivo político.
Lo que cuenta de cara a este crucial año, es que en tales déficits hay material suficiente para construir una propuesta restauradora desde la óptica de la sociedad democrática, propuesta cuya aplicación deberá instrumentarse desde la próxima Asamblea Nacional.
¡Bienvenido 2010!
El Universal
15-01-01


























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