El 2010, Año Bicentenario, podríamos verlo como el primero de la segunda década, una perspectiva de largo plazo en la cual es útil colocarse para no perder el sentido general de las cosas. Tiene adicionalmente la condición de ser un año electoral.
El país ha escogido, políticamente hablando, un rumbo cuya etiqueta genérica es SOCIALISMO DEL SIGLO XXI al cual se oponen una porción no despreciable de nuestros compatriotas. Entre ellos, algunos, pero no todos, son dolientes del pasado. Otros, tal vez la mayoría en este sector, se han formado una visión negativa, a veces catastrófica, de lo que implicaría la consolidación del camino propuesto por el gobierno.
En septiembre deberá renovarse la composición del Parlamento y seguramente resultará más parecida al mapa político del país, lo cual podría crear situaciones relativamente complejas de manejar. En este nuevo cuadro es pertinente preguntarse por las opciones abiertas al PSUV para sostener lo esencial de la estrategia escogida. De las muchas maneras de abordar esta compleja temática me aventuro a unas pocas y elementales preocupaciones, no por fatuidad sino por la firme convicción que ha llegado el tiempo para un debate al cual todos estamos obligados. La primera y más esencial, ha sido divulgada en la literatura pertinente como: “SIN TEORÍA REVOLUCIONARIA NO HAY PRÁCTICA REVOLUCIONARIA”. Es necesario que el PSUV dedique un esfuerzo mayor a pensar sobre los contenidos, la teoría del SOCIALISMO DEL SIGLO XXI. La segunda, referida a la experiencia histórica, ¿Cuáles cambios estructurales habría que realizar para alcanzar un estado de cosas definible como socialismo?, Y ¿Cuál es el período de tiempo que se espera consumir en ese proceso de transición? Y, finalmente, entrando al campo de la política, ¿El “sujeto histórico”, base social del proceso, excluye a las clases medias?
Las respuestas de suyo controversiales, exceden el espacio de una gacetilla.
El Universal
12-01-10

























