¿Existe conciencia real en las filas opositoras del inmenso reto que tenemos por delante?
Tres procesos electorales deberían celebrarse durante este año. Sin duda el más importante lo constituye la elección de los diputados a la Asamblea Nacional que asumirán sus cargos el 5 de enero de 2011, el cual ya ha sido convocado para el mes de septiembre. Está pendiente la elección de concejales y miembros de juntas parroquiales cuyos períodos vencieron en agosto del 2009 y sobre cuya elección el CNE guarda hermético silencio. Y finalmente deben elegirse alcaldes en algunos municipios cuyos períodos, por diferentes causas, no van acompasados al resto de los alcaldes del país, ya sea porque en algún momento prosperó una impugnación judicial que anuló una elección, se convocó a otra y el período de quien resultó ganador comenzó tardíamente, o bien porque el alcalde electo haya renunciado objeto de persecución política, como el caso de Manuel Rosales en Maracaibo. Sobre esta convocatoria tampoco se ha pronunciado el CNE.
Luego de la elección presidencial, el proceso electoral más importante lo constituye la elección de los diputados a la Asamblea Nacional. Son los dos únicos poderes nacionales electos directamente por el pueblo. Los nuevos diputados son los que designarán al resto de los poderes nacionales, una vez que los períodos de rectores, magistrados, fiscal, defensor del pueblo y contralor vayan venciendo. Esa función de designación en muchos casos requiere de mayorías calificadas en el seno del Parlamento. Conseguir esas mayorías depende de un proceso que obliga a las fuerzas políticas con representación parlamentaria a sentarse a llegar a consensos. Eso fue lo que pretendió el constituyente de 1999. Adicionalmente los diputados ejercen tres funciones muy importantes: legislan, controlan al resto de los poderes y dan el debate político nacional.
Del lado del gobierno existe plena conciencia de la importancia vital que para la revolución tiene el proceso de elección de diputados. Un gobierno acostumbrado ya a nombrar a sus militantes en los más altos cargos de los poderes públicos para que sus actuaciones estén enmarcadas dentro de los designios del Presidente, un gobierno que ha legislado durante todos estos años mezclando sus funciones ejecutivas con las legislativas, (ya sea mediante las habilitantes o simplemente enviando los proyectos de ley que son aprobados sin discusiones de fondo por un bosque de manos alzadas), un gobierno que no es controlado en ninguna de sus actuaciones, un gobierno acostumbrado a que en todos los debates políticos los diputados repitan el mismo discurso presidencial del imperialismo yanqui y la oposición vendepatria, es un gobierno que no quiere perder esa instancia y que hará todo cuanto pueda para conservar una mayoría calificada en el próximo Parlamento.
¿Existe conciencia real en las filas opositoras del inmenso reto que tenemos por delante o, por el contrario, los personalismos, las ambiciones partidistas o de representantes de la sociedad civil fraccionarán la indispensable unidad que debemos tener para vencer en ese proceso? Hasta ahora hemos visto que comienzan a aparecer posibles candidatos a diputados por todo el país, tanto partidistas como independientes. En varios programas de radio y televisión han puesto sus nombres en el tapete para ser considerados como abanderados de la unidad. Hay candidatos sobre los cuales uno no tenía ninguna duda de que se presentarían a la contienda y que además están dispuestos a aceptar el o los métodos que se decidan para la escogencia final e incluso manifiestan que si hay que ir a un proceso de primarias le echarían pichón. Hay otro grupo de candidatos que se presentan por primera vez (algunos resultan una muy buena sorpresa por sus calificaciones personales). Algunos precandidatos ya asoman que si no se elige por tal o cual método, no aceptarán la decisión y, aunque no lo declaran públicamente, sí lo han dicho en conversaciones privadas.
Es entendible que en estos momentos cada uno de los que aspira esté presionando para que el método de escogencia sea el más favorable a su aspiración y ojalá, en mi criterio, el método más usado termine siendo el más democrático: que decida el pueblo. Pero me atrevo a darles unos consejos a todos: 1. Organicen bien sus ideas y tengan muy claro a qué se enfrentarán de llegar a ser diputados y lo que todo el país espera de ustedes. 2. Comiencen a abordar los temas nacionales con profundidad y no se queden en el discurso base y simplón del radicalismo. 3. Hagan una campaña limpia; no traten de destruir a sus adversarios con injurias, falsedades o descréditos personales, les aseguro que esas actuaciones siempre se le devuelven a quienes las emprenden. 4. Presenten propuestas claras y vayan con la convicción de defender a sus estados, municipios y al pueblo. Por allí es la vía.
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El Universal
08-01-10

























