Hay una señal infalible que muestra lo mal que puede estar la revolución en un momento dado: sacan a los malandros tarifados de las cuevas urbanas donde no entra ni policía ni ejército ni nadie. Un expediente malvado y perverso, pero nada original. Los peores dictadores, sin distinción de izquierda o derecha, han usado matones para aferrarse al poder. Noriega o Hitler, Videla o Perez Jiménez, Fidel Castro o Mugabe, Idi Amín o Franco, Trujillo o Musolini. En la URSS o en China, en Corea del Norte o en Cuba. No importa. Todos esos campeones de la libertad, la democracia y los Derechos Humanos han recurrido al crimen a sueldo para asegurarse de que el pueblo los ame eternamente.
Y aquí, en esta tierra donde se instala a beneficio de inventario una cosa que Chávez llama Socialismo del Siglo XXI, que no es otra cosa que la excusa para repetir el historial de mentiras y fraude de Fidel Castro, no parece ser la excepción. Los escuadrones de la muerte, o rompe piernas, existen y están a la vista de todo el mundo. Comienzan acciones casi al mismo tiempo en que la revolución se muestra más autoritaria, más militarista y más embustera. De no ser así no necesitarían matones. Bastaría la convicción verdadera de la gente de ser comunista, socialista, chavista y esclava. Y, como si faltara algo, estar satisfechos y contentos con cada latigazo que les pegue el líder, con cada agresión del jefe y con cada grosería del militar al mando. Eso, lamentablemente para el régimen, no existe. Claro, hay una minoría que está bajo esos dominios desde hace tiempo, pero, la gran mayoría es normal: son gente, personas y no aceptan que se les trate como esclavos.
Y en eso el jefe máximo es experto. El tiene a varios recogiditos que, por convicción o interés, son esclavos de lujo. Intelectuales, abogados, políticos que antes eran adecos o copeyanos, militares, contratistas, empresarios socialistas (Jajajaja) banqueros socialistas (Jajajaja), ministros que jamás le dirán no al amo, funcionarios que no pueden ni siquiera estar con sus familias un fin de semana, pues serán objeto de llamadas intimidantes en público y hasta en cadena. Un militar está acostumbrado a mandar y si encuentra civiles que se dejen, se montarán con gusto. Pero esa no es la norma general. Menos mal.
De allí que este régimen en la etapa que viene, esa que apenas comienza, en la que mostrará toda su tiranía sin contemplaciones, necesita aceitar y usar sin restricciones su capacidad para reprimir. Eso vendrá de la parte institucional dominada, los militares, las policías, los cubanos y las milicias. Pero también pegará duro con los grupos dobla rodillas, ya conocidos y vistos en acción por estos días y comandados por los mimos malandros y malandras de siempre. Estos grupos también incluyen cubanos. Y, lo más grave, el llamado a atacar lo reciben públicamente desde los canales oficiales del régimen y en la voz de altos funcionarios en actividad.
Eso sólo es posible en medio de la más absoluta impunidad.
Impunidad revolucionaria.
Fuente: Blogs – El Universal


























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